Cada vez que viajo a mi querida ciudad natal, o a mi amada ciudad porteña, vuelvo con unos 2 o 3 kilos encima. Y es que luego de pasar meses y años viviendo en un lugar con costumbres diferentes, sin contar los precios y la calidad de la carne, hacen que el asado, las tortitas, y las facturas se vuelvan irresistibles.

Un fenómeno interesante que sale de vivir fuera de tu ciudad natal, máxime en el exterior, es que uno tiene la oportunidad de reinventarse. Pero cuando volvés y la gente te sigue tratando como trataban al que se fue, la incomodidad te lleva a volver a ser esa persona por un tiempo. Esto último es todo un tema en sí, pero explica eso de ganar 2 o 3 kilos en 3 semanas que duran típicamente mis visitas.

En el momento en que me di cuenta que tenía que reinventarme pesaba cerca de 90 kilos. La simple adaptación a un lugar nuevo y sus costumbres me hizo bajar de peso a 74 kilos, donde me mantuve casi sin hacer esfuerzo por casi cuatro años. Finalmente, luego de analizar en detalle mis hábitos, he logrado bajar y mantenerme en 64 kilos. Entonces ¿Qué ha cambiado?

Ya no Ceno Después de las Nueve

En la Argentina estamos acostumbrados a cenar a partir de las nueve de la noche, más o menos. Siendo común cenar desde las 22 hasta incluso la medianoche.

Cuando vine a vivir a California, traté de mantener el hábito como forma de mantener mi identidad. El problema es que durante los primeros tres meses viví en un hotel y, los horarios mismos de los restaurantes me obligaron a pensar mas temprano en la cena. Cuando finalmente tuve acceso a una cocina quise retomar el hábito, sin embargo, las costumbres de mis amigos y relaciones amorosas que durante ese tiempo me forzaron a adaptarme.

Hace no mucho descubrí los beneficios que esta costumbre tiene: El irse a la cama habiendo hecho la digestión ayuda a nuestro cuerpo a recuperar su energía en lugar de perderla en digerir comida. Esto a su tiempo tiene un gran impacto en el hambre que vamos a experimentar el día siguiente, ya que cuando estamos cansados tendemos a sentir más hambre.

De acá se puede también tomar que la costumbre europea que tenemos del “cafecitoooooo” como postre, a la noche, nos perjudica mucho! A menos que sea descafeinado.

Ya No Tomo la Mediatarde

Ahh! La adorada mediatarde. Ese momento del día entre las 17 y las 19, donde uno deja lo que está haciendo para tomar su café con leche, con una tortita a veces sola y otras con manteca y dulce. O tal vez un alfajor de dulce de leche o una medialuna. El escribir esto ya me hace dar hambre.

Durante la mayor parte de mi vida, la mediatarde ha sido mi parte favorita del día. Como amante del café, no podía esperar para calentar mi taza grande de leche (descremada por supuesto), agregar mis dos cucharadas de Nescafé Dolca y el sobrecito de edulcorante para no engordar. Voy a dejarme el comentario sobre lo ridículo que es ese sobrecito de edulcorante para no engordar para otro momento.

El hecho de cenar a la hora de la leche, tuvo el efecto de que, al llegar la hora de la cena, no tuviera hambre. Por otro lado, como muchas otras personas, yo comía porque era la hora de comer, sin prestar mucha atención al hambre que tuviera. Entonces, al haber ya puesto el tilde en la cena. Simplemente suprimí la mediatarde.

Ahora, edulcorante o no, un café con leche descremada en una taza grande y una tortita raspada con manteca, suman alrededor de 500 calorías. Si pensamos que toma al rededor de 7500 a 8000 calorías subir o bajar un kilo. Si hacemos números, dejando la mediatarde atrás me hizo a bajar 1 kilo de grasa corporal cada 2 semanas.

Mis Desayunos Son Mas Sustanciales

Un tercer hábito que cambió en mí, en parte gracias a los primeros meses sin cocina, fue el agregar sustancia a mi desayuno. “Eso no es desayuno, es almuerzo” me dicen mis hermanos y primos cuando mando fotos de mis tostadas con palta y huevos pochée por whatsapp.

Acostumbrado a tomar mi café con leche apurado antes de salir de casa para ir a la oficina. Ahora tuve la oportunidad de sentarme y elegir. Los huevos revueltos con papas al horno, tocino y vegetales salteados, o el burrito de desayuno, que son tan comunes en la dieta estadounidense no tardaron en ganarse su lugar en mi vida.

Esto parece contra intuitivo, sin embargo, el café con un chorrito de crema, dos tiritas de tocino, las papas al horno, los huevos revueltos, y los vegetales salteados; tienen el mismo valor energético que el café con leche y tortitas de los que hablé anteriormente. Claro está, hablando de una porción normal y hecho con una cantidad medida de aceite, que muchas veces no es el caso. Pero el volumen te hace sentir lleno hasta el mediodía.

Otros Cambios

Los hábitos en la forma de comer no es lo único que cambió. La falta de un auto hizo que aumentara la cantidad de tiempo caminando, a veces cargado con las compras por más de diez cuadras, y limitando la cantidad de comida que compro ya que cargarla de vuelta a casa se complicaba.

Otra cosa que es diferente es el hábito de consumir carne. Acá, en comparación con la Argentina, la carne es horrible y cara. Esto me llevó a dejar de consumir la cantidad de carne roja que consumía antes y cambiar por más pollo, pescado, y vegetales.

Brochette de Lomo, con arroz y papas fritas. Una de mis comidas preferidas cuando visito Buenos Aires.

Finalmente, durante mi tiempo en la Argentina, comer en lugares como McDonalds o Burger King era visto como un lujo. Curiosamente acá, donde se originaron esas cadenas, esos lugares son vistos casi con desprecio, más dirigido hacia los estudiantes y personas de más bajos recursos. En general la cultura acá me ha incentivado a consumir alimentos mucho menos procesados y suprimir bebidas como la Coca-Cola que ni siquiera se vende en una gran cantidad de supermercados.

Conclusión

La mudanza hacia un lugar donde los hábitos alimentarios son diferentes me ha llevado a introducir inconscientemente cambios que me han ayudado tanto a controlar el hambre, como reducir las calorías extra que consumo y aumentar la cantidad de ejercicio que hago durante el día.

Quiero agregar que si bien los hábitos que adquirí acá parecieran ser mas saludables; la gente acá consume comida en cantidades mucho mayores, de lo que yo estaba acostumbrado a comer en Argentina.

Los beneficios que yo vi en mi cuerpo salen de una combinación de los hábitos que traía, manteniendo las cantidades, pero mejorando los tiempos y la calidad de la comida que consumo.