Las siguientes reflexiones son algo que siempre comento cuando escucho que alguien se está por casar; y es algo que aprendí en el tiempo que estuve casado y luego de separarme.

En el mundo habemos muchas personas románticas, y yo me incluyo entre ellas aunque me cueste admitirlo, que creemos en el amor como lo describe Shakespeare, es decir, al estilo ‘Romeo y Julieta’; donde lo que pasa es que un día conocemos a alguien que nos encanta y simplemente no podemos evitar querer estar con esa persona todo el tiempo. Y si tenemos suerte, a esa persona le va a pasar lo mismo. Es entonces cuando estamos dispuestos a morir el uno por el otro!

Puedo decir, por suerte, que esto me ha pasado más de una vez, y, para ser sincero, me encanta cuando me pasa; pero el simple hecho que esté diciendo que me ha pasado más de una vez ya es un indicio de que no ha sido para siempre! Suerte que todavía no estoy muerto.

La situación anterior sucede realmente cuando alguien, en las palabras de Milan Kundera, entra en nuestra memoria poética, es decir, nos apasionamos. Pero eso no es realmente una razón para morir por nadie, en efecto, lo ideal sería no morir, ni mucho menos.

Entonces esa pasión prospera, se convierte en cariño… y ahora? Tarde o temprano llega esa pregunta que todos nos hacemos. ¿Me debería casar con esta persona?

Analicemos por un momento qué es lo que generalmente pasa en el lado afectivo: Si definimos el amor como una mezcla de pasión y afecto, en el tiempo, lo que pasa es algo como lo que se ve en la siguiente gráfica:

Grafica del Amor

Donde la pasión, es la fuerza inicial que empuja la relación dando tiempo a que el afecto crezca, y finalmente el afecto, si es que se desarrolla, es lo que hace que las 2 personas tengan un vínculo duradero en el tiempo que las mantenga interesadas la una en la otra.

Ahora, este fenómeno se da en cualquier relación humana, por ejemplo si sacáramos la componente de la pasión, tendríamos algo que describe a la amistad. Pero esto no nos dice casi nada sobre si deberíamos dedicar nuestra vida o no a pasarla con la otra persona. De hecho, como yo lo veo, el afecto es una condición necesaria pero no suficiente para que el matrimonio tenga éxito. La pasión ni siquiera, ya que, muchos tendemos a apasionarnos y desapasionarnos todo el tiempo.

¿Cuándo entonces me debería casar? Esto depende de otros factores, lo que tenemos que entender es que al casarnos, estamos asumiendo el compromiso de llevar a cabo un proyecto (O varios) conjunto de vida. Y este proyecto conjunto de vida debería alinearse con lo que nosotros mismos queremos de nuestra vida, por lo que primero y fundamental deberíamos preguntarnos a nosotros mismos ¿Cuál es el objetivo de mi vida? Para luego preguntarnos ¿Que es eso que quiero hacer con esta persona que no me va a alcanzar la vida para terminar? Y quiero resaltar esto, porque he visto mucha gente divorciarse cuando los hijos se van de la casa: Tener hijos no es un motivo válido, al menos no eso sólo, por el hecho que no son un proyecto de nuestra vida, tienen vida propia, es algo que se cumple en tan sólo 9 meses y los años que tarden en irse de casa. Tiene que ser algo que venga de uno mismo y que no se pueda terminar tan fácil, claramente los hijos pueden ser uno de varios proyectos que la pareja tenga, pero no el único.

Por otro lado un gran error que veo mucha gente cometer es dar su vida por el otro, o sea el otro ser el motivo por el cual se casa (yo mismo cometí este error), porque como todo en la vida, en las elecciones a largo plazo siempre existen momentos de dudas y, cuando esto pasa, si lo que nos une al otro (además del afecto) no es un proyecto que nosotros mismos deseemos, entonces en los momentos difíciles generamos resentimiento hacia la otra persona, debilitando el afecto. Sin mencionar aquellos que dejan su proyecto por seguir el proyecto del otro, generando compromiso a una vida sin sentido.

Por lo tanto, ahora vemos cómo el o los proyectos son realmente la espina dorsal del matrimonio, y al acabarse dicho proyecto, se acaba la relación, simplemente porque se acaba el motivo para estar juntos, y lo que mantiene vivo al proyecto es la fe que tenemos el uno en el otro de que ambos queremos alcanzar el mismo objetivo.

Ahora, voy a detenerme en el tema controversial de la infidelidad. Al principio de este post comenté que pasión y cariño no son condiciones suficientes para casarse y que esto nos pasa por lo general más de una vez. Entonces por qué debería ser distinto luego de haber firmado el contrato de sociedad? Después de todo ni nuestra naturaleza ni nuestras hormonas han cambiado. Por lo tanto la infidelidad no debería ser visto como algo condenable, sino como algo natural. Ahora, hay un detalle, generalmente este tipo de cosas introducen dudas hacia nosotros mismos y hacia qué tanto la otra persona quiere alcanzar el objetivo de vida por lo que es natural que las infidelidades debiliten la fe de la que hablé en el párrafo anterior, y por lo tanto extingan la fuerza de seguir juntos.

Las infidelidades no son lo único que debilita la fe en el proyecto, también existen otros factores, como por ejemplo la falta de interés en el otro, la falta de respeto, la violencia, etc. Por lo que hay que estar atento a estas cosas y remediarlas.

Finalmente voy a hablar del conflicto. El conflicto es normal y en cierta medida bueno en la pareja porque quiere decir que existe interés en el proyecto, no tener conflicto no necesariamente es malo, pero debería llamar la atención. Yo creo sinceramente que cuando existe un proyecto en común, ambos creen en dicho proyecto, y ese proyecto se ejecuta, todo lo otro puede llegar a resolverse.

Con eso concluyo mi análisis. Como siempre, espero comentarios y espero que esto pueda llevar a una buena reflexión.