Voy a inaugurar este blog hablando del individualismo. ¿Por qué inaugurar un blog? Hay muchas razones, principalmente soy una persona que disfruta de hablar cagadas (de ahí el título) y disfruto desafiar constantemente a la gente que me rodea a ponerme apodos cada vez más creativos, justamente por las cagadas que hablo, digo, y publico por Facebook. Estoy listo para ello señores!

Individualismo
Hace poco tiempo leía por ahí como los grupos humanos han evolucionado de “manadas” (hace mas de 10 mil años) a las actuales sociedades.

En aquellas épocas la pertenencia al grupo lo era todo y la supervivencia de uno era la supervivencia de todos; todos lo conocían todo del resto del grupo y en cierta forma se moldeaban para ser similares. Si alguna persona cambiaba demasiado (se enfermaba o envejecía), se la abandonaba, o bien se la mataba. Tal vez eso aún persista en algún recoveco de nuestra genética.

Luego con la agricultura vinieron las familias y vecindades. El grupo se agrandó pero ya era un poco mas difícil conocer a todo el mundo. Aparecieron las jerarquías marcadas y las élites. La vida estaba mucho mas centrada en la familia y los amigos. La supervivencia y satisfacción de las necesidades de un individuo dependía directamente de la existencia y pertenencia a dicho núcleo.

Hoy en día, con las ciudades y los países, la supervivencia del individuo ya bastante poco depende de la familia, el grupo de vecinos o los amigos de la comunidad. La supervivencia está dada por el trabajo y por el estado. Cuando estamos sanos, podemos trabajar y destinar parte de nuestro salario a nuestra jubilación y al ahorro, mientras que, cuando estamos enfermos, disponemos de salud pública y una variedad de seguros y obras sociales que nos cubren.

Esto es una explicación bastante simplista de la situación y la realidad es mucho mas complicada, pero supongo que el contexto se entiende.

Ahora, al no depender de nadie en particular, no tenemos “necesidad” de formar familias ni comunidades. Poco nos interesan las demás personas y nuestra misión es trabajar para la sociedad y así asegurar nuestra propia supervivencia solamente. Las demás personas representan, competencia laboral o trabas a nuestro progreso.

Por supuesto que, como personas, somos seres sociables (y con necesidades biológicas) con lo que sí necesitamos relacionarnos, pero esto es sólo superficialmente. Anteriormente la identidad de las personas estaba dada por lo que podían aportar al grupo: sus habilidades físicas, mentales, experiencia, etc. Hoy en día nada de eso vale, hoy somos lo que consumimos, mientras más caro sea lo que consumimos, mejores somos. Esto es, por supuesto derivado del razonamiento extremadamente simplista de “mientras mejor trabajo, mas dinero gano, mejor persona soy”. El dinero es la principal fuente de confianza entre las personas.

Debido a que somos lo que consumimos, vemos a las demás personas como productos, y nos tratamos a nosotros mismos como productos. Nos sentimos rechazados si no disponemos del cuerpo que responde al “ideal de belleza” que alguno se inventó para poder vendernos todo tipos de productos. Rechazamos o ninguneamos a las personas que no responden a dicho ideal de belleza. Nos sentimos obligados a vendernos (y evaluamos al resto por) la misma imagen de felicidad que las publicidades muestran al vender productos.

Poco nos importan los sentimientos de las personas con las que nos rodeamos ya que son objetos, y los objetos no sienten, las relaciones con las personas llegan simplemente a “formalidades” que nos permiten acceder a un restaurante, una sala de cine, disfrutar un orgasmo, o conseguir ascenso en la escalera corporativa.

Configuramos nuestras expectativas sobre las relaciones humanas en su base inorgánica. Así como cambiamos un pantalón cuando lleva demasiado tiempo con nosotros, o le encontramos una imperfección; cambiamos a las personas cuando nos aburren, buscamos una pareja nueva al descubrir que la nuestra no es perfecta, buscamos un amigo nuevo cuando nos cansamos de escuchar los problemas del que tenemos.

De la misma forma que herimos al resto de las personas nos sentimos heridos muy fácilmente (y con mucha razón), lo que finalmente nos lleva a rodearnos de objetos inorgánicos, de los que realmente lo son, y convertirnos en verdaderos individuos, viviendo rodeados de miles de millones de otros individuos que no conocemos ni nos interesa conocer.

Termino este razonamiento con unas preguntas: ¿Somos realmente felices? ¿Alguien se beneficia de que no seamos felices?

Tratemos de volver un poco y a analizar. Antes de la sociedad, las personas tenían sus necesidades relativamente resueltas, el grupo compartía la comida y la protección de forma relativamente equitativa y el único peligro real era la debilidad (estar enfermos o ser demasiado viejos).

Hoy en día podemos enfermarnos y ser viejos tranquilamente, pero nuestras necesidades sociales nos llevan a la constante insatisfacción. La sociedad nos indica que la insatisfacción se soluciona con dinero, el dinero se consigue trabajando, el trabajo excesivo nos aliena más. En este momento debería ser claro que quien se beneficia de esto es quien nos vende lo que compramos, sus ganancias están directamente asociadas a nuestra insatisfacción.

¿Cómo podemos solucionar este problema? Simplemente aplicando el viejo dicho “la unión hace la fuerza”, de la misma forma que como raza, permanecimos unidos y pudimos, sin notarlo, conquistar el mundo, deberíamos luchar contra las fuerzas que nos separan y unirnos, abandonar los ídolos de madera, rescatar los afectos, la familia y la amistad. Dos palabras clave: “aceptar” y “compartir”.