Luego de un tiempo bastante largo de no escribir en español, he decidido contar una historia que ha transcurrido durante los últimos 10 años, pero que empezó hace más de 20. Este post tiene objetivo doble: Inspirar a quien lee a mejorar sus hábitos de vida y mi compromiso conmigo mismo de mantener los míos. Este post es largo, pido disculpas, pero diez años no se pueden contar en menos.

De todas las malas decisiones que he tomado durante mi vida, con certeza, la peor de todas fue comenzar a fumar. A los diecisiete años pesaba menos de 70 Kg., iba frecuentemente al gimnasio, a clases de natación, y me movía en bicicleta dentro de distancias razonables. Era una época difícil de mi vida, un poco por rebeldía, un poco por presión social, y otro por tristeza, comencé a fumar. Tengo que confesar que incluso hoy, a los casi treinta y siete, me da vergüenza admitirlo frente a mi familia.

No tardé mucho en ver los efectos perjudiciales de este vicio, pero los ignoré completamente. Ya me costaba andar en bicicleta o realizar cualquier actividad física.  Caminar mucho me costaba pero comencé a andar en auto, ya que justo alcancé la edad legal de conducir. Durante este tiempo, el sedentarismo y los malos hábitos nutricionales se hicieron notar, y para el final de mis veinticinco pesaba por encima de los 94 Kg, habiendo aparecido en mi rostro una costra de dermatitis seborréica, que mucho tiempo después descubrí estaba asociada con la salud de mi hígado; afectado por el cigarrillo, el alcohol y la comida rica en grasas.

Muchos intentos me tomó dejar de fumar: Bajar las cantidades a dos o tres cigarrillos por día y poner horarios o días para hacerlo fueron algunas de las cosas que hice. Pero no conseguía dejar, por un sencillo motivo: Yo quería fumar, pero no debía hacerlo por mi salud. Analizando en retrospectiva, esta forma de pensar es problemática, ya que es muy difícil no hacer aquello que se quiere hacer.

Durante la noche de Año Nuevo 2010, mi resolución fue dejar de fumar. Y lo hice de la única forma que pude, cerrar los ojos y pretender que el cigarrillo no existía mas. Durante meses evité lugares donde la gente fumara, hasta que el deseo de hacerlo desapareció. Sin embargo, la solución no resultó totalmente efectiva, ya que en mi cabeza la idea no desapareció; sólo mi voluntad fue mas. 

Quien esté leyendo hasta ahora, pensará: “bueh, fuerza de voluntad, éste pibe no me está diciendo nada nuevo”. Si este es el caso; pido un poco de paciencia, voy a tratar de hacer un argumento un poco mas fuerte hacia el final del post.

Los efectos de dejar de fumar fueron notorios inmediatamente: Mi capacidad de realizar ejercicio físico se multiplicó por diez, empecé a experimentar una lucidez de pensamiento que no sabía que había perdido, recuperé el uso de mi olfato y gusto, y finalmente disponía de mucho mas tiempo libre: si sacamos la cuenta, a cinco minutos por cigarrillo, un paquete de 20, te saca al menos 140 minutos al día, o 2 horas 20 minutos.

Ahora voy a hacer una pausa para definir el concepto de “hábito fundamental” (traducido del inglés: Keystone habit), básicamente buenos hábitos que facilitan otros buenos hábitos. Dejar de fumar fue para mi un hábito fundamental.

Ahora me quedaba resolver el problema más difícil de todos: La obesidad mórbida. De acuerdo a mi índice de masa corporal (y otras medidas un poco mas serias), mi peso ideal es 65Kg., y mi frontera de sobrepeso es 72Kg. Estando en 95 (el límite de la obesidad mórbida), el desafío era bajar 30Kg! Una tarea que me tomó 10 años y mucho aprendizaje.

Mi imagen cuando comencé a andar en bicicleta en 2010

Voy a decir algo que debe ser obvio para todos los que han tratado de bajar de peso: Las dietas no son efectivas, el ejercicio en grandes volúmenes tampoco, pero por algún lado hay que empezar.

Hacia finales del 2010 me compré una bicicleta de montaña y empecé a usarla para ir a trabajar, unos 4 kilómetros por cada tramo. Los fines de semana me vi pudiendo hacer el recorrido de Chacras de Coria a la entrada del Río Mendoza. Finalmente logré con esfuerzo recorrer los cuarenta kilómetros en subida que toma llegar a Cacheuta.

Para Febrero del 2011 había perdido 7kg, y para Julio del 2012 ya pesaba 78Kg. Todavía en sobrepeso pero mucho mejor. El problema es que yo no había cambiado mis hábitos alimentarios, sólo la bicicleta me ayudó a generar un déficit entre las calorías que ingería y las que quemaba.

En Agosto del 2012 fui contratado para un trabajo en Buenos Aires, donde el terreno es plano y es peligroso andar con una bicicleta cara por la calle. Debido a esto, un incremento del 200% en las horas trabajadas, y los malos hábitos alimenticios (cómo olvidar las deliciosas empanadas fritas del Gourmet!), comencé a ganar peso nuevamente hasta por encima de 90Kg. Todo El Progreso perdido!! La lección: las ráfagas de ejercicio no ayudan a perder peso de forma sustentable. El ejercicio tiene que ser parte de tu vida.

Los años que siguieron fueron difíciles en mi vida personal y no presté atención a mi salud para nada. Manteniendo mi dermatitis ceborreica bajo control a fuerza de crema de mometasona, me vi perder salud y progreso.

Creo que esta es la historia de todos quienes han intentado bajar de peso sin éxito en su vida: hacen sacrificios ven progreso, tienen “una mala época” y se desaniman al ver perder todo.

Cambio de Imagen Diciembre 2015 – Agosto 2016

En Enero del 2016, luego de mudarme solo (y soltero) a Estados Unidos mi interés por la salud ganó un nuevo vigor, no sólo como una necesidad de buena vida, sino también por el aspecto social de la apariencia.

Armado de mi fuerza de voluntad, volví a intentar lo único que (hasta el momento) había producido resultados en mí: Ejercicio. Pero esta vez un poco diferente, tenía que encontrar una actividad que no dependiera de una bicicleta o de la situación. La solución fue simplemente caminar: Empecé a caminar para ir al trabajo, o cualquier distancia menor a 2 millas (3.2 Km.), 30 minutos diarios en la cinta caminadora, y a hacer senderismo (hiking) los fines de semana. Y así fue que descubrí mi segundo hábito fundamental: caminar lo mas posible. 

Al mismo tiempo comencé a leer sobre nutrición. Algo que me llamó poderosamente la atención fue enterarme que el hígado es el órgano encargado de procesar las grasas, que los carbohidratos se metabolizan en grasas, y que el alcohol afecta la función hepática. Por lo que decidí tomar otra decisión: dejar de consumir ciertas bebidas alcohólicas, y de hacerlo, consumir vino o whisky, ya que pequeñas cantidades duran un largo tiempo en el vaso.

Con estos simples cambios, mi peso bajó y ganó estabilidad en 72Kg para finales del 2016. Manteniéndose estable durante los siguientes cuatro años. Este fue mi tercer hábito fundamental: Evitar el alcohol en exceso, descartando casi totalmente la cerveza.

Durante este tiempo, gracias a mi entorno, comencé a realizar todo tipo de actividades físicas, desde circuitos de bicicleta de hasta 200km en un día con mas de tres mil metros de subida, hasta caminatas por senderos de mas de 20km con una mochila a los hombros de 20Kg. Sumado a esto, mi cuerpo y mis hormonas se adaptaron al peso, pero no logré pasar a menos de 70Kg. o mas de 72Kg.. La razón: seguía sin prestar atención a mi alimentación.

Igual que como con dejar de fumar, no se puede dejar de comer sin quererlo, tanto como no se puede bajar de peso sin querer comer mas saludable. Otra cosa que descubrí es que muchas de mis creencias sobre comida saludable estaban erradas.

A mediados del 2019, transitando un periodo de crecimiento personal, y sanando las heridas de toda una década de auto-flagelo espiritual, comencé a tener síntomas de malestar que se prolongaron por un mes. Luego de una visita al médico descubrí con tristeza que el abuso (social) del alcohol y la comida de restaurantes estaba causando problemas a mi hígado. Había comenzado a subir de peso nuevamente a un ritmo muy lento pero gracias a las grandes cantidades de ejercicio y las largas caminatas diarias no se notaba. Mi hígado estaba pagando las cuentas.

Algo tenía que hacer. Por recomendación del médico dejé de consumir todo tipo de alcohol, permitiéndome sólo un vaso de vino en las celebraciones. También me registré en un programa de mejora de hábitos alimentarios donde aprendí muchas cosas sobre nutrición, metabolismos y psicología. En este programa entendí por qué no podía lograr mis objetivos, y es evidente cuando lo miro en retrospectiva, pero no lo era mientras intentaba cosas sin ningún tipo de información más allá de aquello que mal aprendí durante toda mí vida.

Para dejar de fumar, o bajar de peso, o lograr cualquier cosa en la vida, hay que quererlo, y no sólo tener que hacerlo. Bien simple: no puedo dejar de fumar si todavía quiero un cigarrillo, tengo que elegir no quererlo. No puedo bajar de peso sin querer comer bien, tengo que elegir comer porciones menores, tengo que desarrollar gusto por lo que me hace bien, tengo que desarrollar rechazo por lo que me hace mal. No es obvio? Si tengo que bajar de peso pero quiero llenarme la boca de comidas procesadas y tomarme 4 pintas de cerveza, o una botella de gaseosa, ciertamente no estoy siendo consistente. 

Con esto no quiero decir bajo ningún punto de vista “privarse”, hay una gran diferencia entre privarse de algo y no quererlo. 

Otro pensamiento peligroso que tenía es pensar que “me merezco” comer esto o aquello luego de tener un día difícil o de pedalear por 9 horas seguidas. Cómo puede ser que luego de trabajar duro, o tener un día difícil me merezca destrozar un poco mi salud? Ojo, con moderación todo se puede, pero todo en exceso es perjudicial.

Dejar los vicios (o moderarse) no es fácil, ya que nuestra propia biología nos lo pide. Azúcar, sal, carbohidratos, alcohol, todas las anteriores; pero con la mentalidad y la información apropiadas, se pueden realizar cambios duraderos y establecer hábitos fundamentales que nos van a durar una vida, esperemos, larga y saludable.

Para cerrar, luego de 10 años recorriendo el camino de la salud, me encuentro casi en 66kg, experimentando sensaciones de positivismo y lucidez sin precedentes. Una prueba mas de que las soluciones de corto plazo no son efectivas, y que el nombre del juego se llama lento y constante. Espero que esto sirva de inspiración para quien haya leído este largo texto. Feliz comienzo de década 202x!